Haber emigrado no termina nunca del todo
Llegar es solo el principio. Después vienen los papeles, el trabajo que no corresponde a lo que estudiaste, el comentario xenófobo en la combi, la familia que se quedó, los cumpleaños por videollamada. Y la pregunta que no se va: ¿me quedo aquí para siempre?, ¿vuelvo algún día?, ¿pruebo en otro país?
Muchas personas viven años con esa pregunta abierta, sin permitirse responderla, porque cualquier respuesta duele.
El duelo que no se lloró
Los venezolanos que salimos cargamos con un duelo colectivo que casi nunca tiene espacio: el país que dejamos, la vida que teníamos, los amigos repartidos por el mundo, los familiares que murieron sin que pudiéramos despedirnos. Muchos no lo lloramos porque había que sobrevivir. Y a veces ese duelo aparece años después, en forma de cansancio, de irritabilidad o de una tristeza que no sabemos de dónde viene.
Entre dos países
Con el tiempo, uno deja de ser del todo de allá y no termina de ser de aquí. Tus hijos hablan como peruanos, tu pareja quizá es peruana, comes ceviche los domingos y, sin embargo, en diciembre extrañas las hallacas y el pan de jamón. No hace falta elegir. Se puede ser de los dos lugares a la vez, aunque a veces no se sienta así.
La xenofobia que duele
Muchos venezolanos en el Perú han vivido comentarios xenófobos: en el trabajo, en el transporte, en las redes sociales cada vez que hay una noticia de un delito. Duele, sobre todo cuando llevas años trabajando honradamente y criando a tus hijos aquí. Ese dolor merece ser hablado, no solo aguantado. No define quién eres ni lo que has construido.
También hay muchos peruanos que te han tendido la mano, y recordarlos ayuda a no quedarse solo con lo malo.
La familia que quedó en Venezuela
Detrás de muchos venezolanos en el Perú hay una mamá en Valencia, un papá en Barquisimeto o unos abuelos en Caracas a los que se les manda lo que se puede. La culpa por no estar, el miedo a una llamada a deshoras, la pregunta de si traerlos o no. Son temas que podemos mirar con calma en una sesión, sin juicio, entre paisanos.
Lo que te ofrezco
En una sesión conmigo puedes hablar con tus palabras, sin explicar lo que significa emigrar, porque lo sé. Podemos mirar la decisión de quedarte, volver o irte a otro lado; la relación de pareja; la familia lejos; el cansancio de empezar de cero. No prometo nada sobre trámites ni papeles: para eso hay que ir a Migraciones o a un abogado. Lo que sí hago es escucharte y ayudarte a ver con las cartas lo que depende de ti.
La Sesión de Diagnóstico es una llamada de voz de 45 minutos, con el mismo precio para todos, S/ 155.00 aprox.
Ejemplos editoriales, no relatos de clientes. Una interpretación simbólica no acredita hechos privados ni garantiza resultados.
