Día de los Difuntos, Navidad, la grati, el Año Nuevo, la extorsión, irse del país o volver a la provincia: textos sobre lo que se vive hoy en el Perú.
m.Temporada y cambios
El enfoque de este recorrido
Las fiestas reúnen a todos en la misma mesa, y con ellos vuelve lo que quedó sin resolver. Y hay momentos del país que obligan a decisiones grandes. Estos textos hablan de las dos cosas con honestidad y sin prometer lo que una lectura no puede dar. Maryana también emigró, de Venezuela a Argentina y después a España, y escribe desde esa experiencia.
Por dónde empezar
Si se acerca noviembre, empieza por Todos los Santos y el Día de los Difuntos. Si te preocupan las fiestas, por la Navidad con una silla vacía o la gratificación. Y si estás ante una decisión grande, por irse del Perú o volver a la provincia.
El 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, y el 2, Día de los Difuntos, miles de familias peruanas llenan los cementerios. En Lima, Nueva Esperanza o el Virgen de Lourdes se convierten en un lugar de encuentro: se limpian las tumbas, se llevan flores, se come junto al nicho, a veces suena música, a veces se pasa la noche. En la sierra y en muchos pueblos se preparan las comidas que le gustaban al difunto y se recibe a las almas. Es una fiesta y es un duelo, todo junto.
En el Perú la Navidad tiene olores muy concretos: el chocolate caliente de la chocolatada, el panetón que se reparte en el trabajo, el pavo al horno o el lechón de la cena de medianoche, el abrazo a las doce. Cuando alguien falta, cada uno de esos detalles se convierte en un recordatorio. Estas líneas son para quien se prepara para unas fiestas con un sitio libre en la mesa.
Para quien trabaja en planilla en el Perú, diciembre trae la gratificación: un sueldo extra que llega justo cuando todo invita a gastar. Las ofertas de las tiendas, la cena de Navidad, los regalos, el viaje a la provincia, la deuda de la tarjeta, el familiar que pide prestado. En pocas semanas la grati puede desaparecer, y en enero vuelve la sensación de no haber avanzado.
En el Perú el Año Nuevo tiene sus cábalas: la ropa interior amarilla para la suerte, las doce uvas con un deseo por cada campanada, dar la vuelta a la manzana con la maleta para viajar, las lentejas para que no falte el dinero, el billete en el zapato. Se hacen entre risas y también con un poco de fe. Detrás de cada una hay algo serio: el deseo de que el año que empieza sea mejor que el que termina.
En muchas ciudades del Perú, la extorsión dejó de ser una noticia lejana. Bodegueros, dueños de restaurantes, mototaxistas, choferes de combis y empresas de transporte en Lima, Trujillo, Chiclayo y otras ciudades reciben mensajes, llamadas o visitas con exigencias de dinero. Hay paros de transportistas, negocios que cierran antes, familias que cambian de ruta. Además del riesgo real, hay un desgaste que se habla poco: el de vivir con miedo todos los días.
El Perú es uno de los países que más venezolanos ha recibido en los últimos años. Muchos llegaron con lo puesto, trabajaron de lo que salió, aprendieron a decir «chamba» y «causa», y hoy tienen hijos en colegios peruanos. Yo también soy venezolana y también emigré: viví unos años en Argentina y hoy estoy en España. Este texto es para ti, que estás construyendo tu vida en el Perú sin haber dejado del todo Venezuela.
Lima está llena de gente que llegó de otra parte: de Ayacucho, de Cajamarca, de Piura, de Puno, de la selva. Vinieron a estudiar, a trabajar, a buscar una oportunidad que no había en casa. Algunos se quedaron para siempre sin haberlo decidido del todo. Y cada vez que vuelven por Todos los Santos, por la fiesta del pueblo o por Navidad, la pregunta reaparece: ¿y si me regreso?
En los últimos años muchísimos peruanos han decidido irse: a España, a Chile, a Estados Unidos, a Italia, a Argentina. Se van por la inseguridad, por la falta de oportunidades, por la crisis política que no termina, por un familiar que ya está allá. Detrás de cada maleta hay una decisión enorme y una familia que se queda esperando.
El Perú tiene una tradición curandera antigua y respetada, del norte a la selva: maestros curanderos, la mesa, las plantas, las lagunas de Las Huaringas en Huancabamba. Mucha gente acude a ella con fe y encuentra alivio. Pero esa misma tradición se usa como disfraz por perfiles en Facebook y TikTok que nada tienen de curanderos y mucho de cobradores: «maestro del norte», «amarres garantizados», «te quito el daño en 24 horas». El problema no es la tradición; es la forma de cobrar.