Repetir la costumbre o cambiarla
Algunas familias sienten que lo más bonito es mantener todo como lo hacía quien se fue: su receta del pavo, su forma de armar el nacimiento, el mismo brindis. Otras no soportan repetirlo y prefieren pasar la Nochebuena donde un tío, viajar a la playa o hacer algo muy sencillo. Ambas maneras honran a la persona. Lo que más daño hace es el silencio: todos sienten el hueco y nadie lo menciona.
Si eres quien organiza, pregunta antes a cada uno cómo quiere vivir la noche. Las respuestas cambian de una persona a otra, incluso entre hermanos.
Un recuerdo en voz alta
Ayuda mucho que, en algún momento de la noche, alguien diga su nombre y cuente algo que hacía reír a todos. El ambiente se afloja y cada uno siente que puede echarle de menos sin esconderse. Hay quien deja una vela encendida junto a su foto, quien prepara el chocolate con su receta o quien guarda su taza favorita en la mesa.
Si hay niños en casa
Un niño puede soltar «¿y la abuelita?» justo cuando todos se sientan a cenar. Mejor hablarlo antes: unos días antes de Navidad, cuéntale que este año será distinto y pídele ideas para recordarla. Puede hacer un dibujo para ponerlo junto al nacimiento, escoger el villancico que ella cantaba o colgar un adorno con su nombre. Tener una tarea les da un lugar donde poner la pena.
Y si te ven llorar, no te preocupes: aprenden que la tristeza también es una forma de cariño.
Otras ausencias
A veces la silla está vacía porque una pareja se separó y los hijos van de una casa a otra, o porque el hijo trabaja en Santiago, en Madrid o en Nueva Jersey y el pasaje no alcanzó este año. Nadie da el pésame por esas pérdidas, y por eso se viven a escondidas. Si es tu caso, también tienes permiso para no estar contento.
Acordarlo antes de la cena
Conviene decidir con tiempo los detalles que más duelen improvisados: si se sirve o no su plato, quién se sienta en su sitio, quién hace ahora lo que hacía él, como partir el pavo o rezar antes de cenar. Así nadie se lleva una sorpresa en plena mesa. Piensa también en las doce: con quién vas a estar en ese momento y dónde puedes salir un rato si te hace falta aire.
Para prepararte
Hay quien me escribe en noviembre porque ya siente miedo de diciembre. En una sesión podemos ver qué fecha te pesa más, qué te ayudaría a pasarla y cómo quieres recordar a esa persona en estas fiestas. Para eso está la Sesión de Diagnóstico, 45 minutos por llamada. Si además quieres despedir un año difícil, lee sobre la sesión de cierre de año.
Ejemplos editoriales, no relatos de clientes. Una interpretación simbólica no acredita hechos privados ni garantiza resultados.
